Crisis o Trastorno de Angustia

La crisis de angustia, que es uno de los síndromes de ansiedad junto a la agorafobia, ha recibido varios nombres de la combinación de crisis, ataque, angustia y pánico: crisis de angustia, crisis de pánico, ataque de pánico, ataque de angustia o incluso se ha mantenido en ocasiones la denominación en inglés de panic attack.

La crisis de angustia, también conocida como crisis de pánico, forma parte de los trastornos de ansiedad.
Se trata de un trastorno muy común y aproximadamente un 2,3% de la población lo sufre, bien de manera puntual y una sola vez, o bien de manera repetida a lo largo del tiempo, pudiendo convertirse en algo crónico si no se trata.

Tipos de Crisis de Angustia

Está compuesta por 3 elementos fundamentalmente:


  • Una sensación de miedo y ansiedad desmedidos, donde la persona incluso llega a temer por su vida.
  • Los primeros diez minutos son los de mayor intensidad y a partir de ahí comienza a decrecer hasta que desaparece. Inmediatamente después se produce en el individuo una sensación de agotamiento físico y mental.
  • Su aparición, generalmente, es repentina y sin ningún motivo aparente.

En 1989, el grupo de David Barlow, propuso clasificar los ataques de pánico en esperados-inesperados (en función de que el sujeto espere o no su ocurrencia), y señalados-no señalados (o espontáneo) en función de que haya un estímulo externo o interno que señala el inicio del ataque.

crisis de angustia

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El tipo de ataque más frecuentes parece ser el señalado-esperado, seguido del señalado-inesperado, a continuación del no señalado-inesperado y el más infrecuente sería el no señalado-esperado (por ejemplo, pensar que vas a tener un ataque a lo largo del día).

El prototipo de ataque de pánico inesperado son los ataques nocturnos o mientras la persona duerme (suelen ocurrir al final de la fase 2 o comienzo de la 3, y fuera de la fase REM).

A parte de la ya mencionada clasificación de los ataques de pánico, Klein y Klein, en 1989, plantearon otra más que es la recogida por el DSM-IV que propone clasificar los ataques de pánico en función de que la persona conozca o no los desencadenantes de la crisis.

De esta forma existen 3 tipos de crisis de angustia:

  • Crisis de angustia inesperadas o no señaladas (espontáneas). No relacionadas con estímulos situacionales, en las que el comienzo de la crisis no está asociada a desencadenantes ambientales, por tanto, surgen sin ningún motivo aparente.
  • Crisis de angustia situacionales. Determinadas situacionalmente (desencadenadas por estímulos ambientales). La crisis aparece casi exclusivamente justo después de la exposición o anticipación de un desencadenante ambiental o de un estímulo (por ejemplo ver una serpiente desencadena inmediatamente una crisis).
  • Crisis de angustia más o menos relacionadas con una situación determinada. Situacionalmente predispuestas.Aquellas en las que tienen simplemente más probabilidades de que aparezca cuando el individuo se expone a ciertos estímulos o desencadenantes ambientales, aunque no siempre existe dicha asociación con el estímulo ni tampoco siempre el episodio aparece inmediatamente después de exponerse a la situación (por ejemplo, es más probable que la crisis aparezca al conducir, pero a veces el individuo puede llevar su coche sin aparecer ninguna crisis de angustia, o bien que surja media hora después de estar conduciendo).

Causas del ataque de pánico


Las causas concretas no se conocen con exactitud, aunque se observa un componente familiar (genético), sobre todo si es un parentesco de primer grado, aumentando de esta manera hasta un catorce por ciento según estudios realizados.

miedo a volverse loco en crisis de angustia

También se ha observado la presencia de sucesos vitales que hayan sido estresantes, en el inicio de la crisis de pánico, como la muerte de un ser querido o la ruptura con una pareja. De este modo puede sugerirse que podrían actuar como desencadenantes.

Existen, además, otra serie de situaciones que podrían tener una estrecha relación con la aparición de una crisis de forma inminente:

  • Separación o muerte de un ser querido.
  • Consumir café o algún tipo de droga como el cannabis, las anfetaminas o la cocaína y, en definitiva, cualquier estimulante.
  • El síndrome de abstinencia (del tabaco o el alcohol) también puede provocar un ataque de pánico.
  • No dormir bien o falta de sueño.
  • El ejercicio físico muy intenso.
  • Personas con un alto nivel de ansiedad, que interpretan un mayor número de situaciones como una amenaza o peligro.
  • Interpretación errónea de las señales que llegan al cuerpo. Hay gente que traduce ciertas señales de nuestro organismo de manera equivocada (por ejemplo un ligero aumento del ritmo cardíaco o de la frecuencia respiratoria).
  • El padecer ciertas enfermedades como el hipertiroidismo, las arritmias y alguna otra.

Síntomas de la Crisis de Angustia

El DSM-IV-TR define la crisis de angustia como: “Un periodo discreto de terror o malestar muy intenso, que comienza de forma brusca, alcanzando su nivel máximo en 10 minutos o menos, y que aparece junto a una sensación de peligro o muerte inminente así como un impulso urgente a escapar y de al menos 4 de un total de 13 síntomas que son principalmente manifestaciones de la activación del sistema nervioso simpático”.

1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca. 2. Sudoración. 3. Temblores o sacudidas. 4. Sensación de ahogo o falta de aliento. 5. Sensación de atragantarse. 6. Opresión o malestar torácico. 7. Náuseas o molestias abdominales. 8. Inestabilidad, mareo o desmayo. 9. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo). 10. Miedo a perder el control o volverse loco. 11. Miedo a morir. 12. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo. 13. Escalofríos o sofocaciones.

Las crisis que cumplen todos los criterios, excepto por tener menos de 4 de los síntomas, se denominan “crisis sintomáticas limitadas”. El DSM-IV-TR no diferencia entre los diferentes síntomas, considerándolos a todos en el mismo nivel sin tener en cuenta la significación clínica diferencial de los distintos síntomas. La CIE-10, en cambio, sí que plantea que al menos uno de los síntomas presentes sean palpitaciones, sudoración, temblores o boca seca.

El DSR-IV-TR no exige necesariamente el miedo o la ansiedad para el diagnóstico, sino que puede considerarse la presencia de la crisis de angustia con un gran malestar. Esto se ha denominado ataques de pánico sin miedo.
Hay un aumento en la actividad autónoma pero los cambios fisiológicos observados no son de gran intensidad y son iguales a los acontecidos en otras actividades como el ejercicio físico.

Los ataques de pánico pueden agotar al sujeto y mantener una ansiedad residual moderada o alta, pero sin llegar a ser peligrosas.

Suelen durar menos de 30 minutos, aunque pueden llegar hasta 1 ó 2 horas o incluso más, siendo la fase más intensa de menor brevedad.

Tradicionalmente se ha asumido que no hay determinación situacional (no provocado por estímulos externos) para concluir que su naturaleza es biológica. Pero los estudios más recientes han puesto de relieve que incluso el primer ataque surge en contextos con una tensión emocional alta asociada niveles de ansiedad también altos, así como que los ataques de pánico son muy comunes en el resto de los trastornos de ansiedad, es decir, no son exclusivos del trastorno de angustia.

Los ataques, que no el trastorno, son muy comunes en la población no clínica. En 1986, Norton, Dorward y Cox encontraron que un 36% de estudiantes habían tenido uno o más ataques en un período de un año. La diferencia de los ataques de la población no clínica en relación al trastorno consistía en que se asociaban más a situaciones de tipo social y que las cogniciones no eran tan catastrofistas.

crisis de angustia y pánico

Los síntomas somáticos más frecuentes son las palpitaciones, vértigos-mareos y temblores encontrándose por igual tanto en adultos como en niños.

Sin embargo, los niños se diferencian de los adultos en que presentan síntomas cognitivos (miedo a volverse loco o morir) en menor medida.

El trastorno de angustia (tanto con como sin agorafobia) requiere la presencia de crisis inesperadas.

Las crisis situacionales son más características de las fobias sociales y específicas.

Las crisis relacionadas, más o menos, en un escenario determinado son especialmente frecuentes en el trastorno de angustia, pero también pueden surgir en la fobia específica o en la fobia social.

Para algunos autores el pánico y la ansiedad no son en realidad cualitativamente diferentes, sino que forman parte de un continuo de gravedad. El pánico se correspondería con una ansiedad muy intensa con un comienzo súbito o muy rápido.

En cambio, otros han diferenciado entre miedo/pánico, producido en situaciones en que se percibe un peligro presente y está asociado con una tendencia a querer escapar, y ansiedad, como ese estado en el que te preparas para un peligro futuro.

Además, la ansiedad no se caracteriza ni por síntomas físicos tan intensos y súbitos ni por pensamientos de peligro interno inminente.

McNally distinguió en 1994 entre miedo fóbico y pánico, puesto que el foco de aprensión sería interno en el primero y externo en el segundo; además, los síntomas cardiorrespiratorios serían más destacados en el pánico.

Tratamiento para los ataques de pánico

Con este tipo de trastorno, estar informado es la mejor forma de prevención. Conocer en qué consiste el pánico y cómo poder controlarlo supone la piedra angular para superar este tipo de crisis.

Puesto que existe un riesgo real de que una crisis de angustia se complique con agorafobia, limitando de forma drástica la vida de la persona, es más que aconsejable recibir un tratamiento psicológico.

Los mejores tratamientos para este tipo de trastornos son los cognitivo-conductuales. Consisten en enseñar a la persona distintas estrategias para que pueda controlar esa crisis, reducirla hasta hacerla desaparecer y enseñarle a enfrentarse a las situaciones temidas.

En ciertas ocasiones, este tratamiento debe apoyarse con tratamiento farmacológico, generalmente antidepresivos y benzodiacepinas. En estos casos la prescripción médica (del psiquiatra) es necesaria y han de seguirse siempre sus indicaciones.

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Crisis de Angustia
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